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¿Engordan las dietas ‘sin’?

septiembre 1, 2020



      La entrada ‘dietas sanas’ arroja casi cuatro millones de resultados en Google. Y es que miles de mujeres cambian su forma de comer constantemente. Al régimen de la alcachofa, la manzana y el espárrago se une ahora la tendencia a quitarse un grupo de alimentos completo. Y el debate está servido: que si entrar en cetosis (hacer que tu organismo funcione en modo supervivencia, privándole de hidratos de carbono para que tome la energía de la grasa corporal) es lo que adelgaza más rápidamente; que si eliminar las proteínas es lo mejor para triunfar en la ‘operación bikini’El problema es que en muchos casos se acaba engordando. Analizamos cada caso.

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      Sin hidratos de carbono

      La reina de los regímenes exentos de hidratos es la ‘keto’ o dieta cetogénica, que restringe al máximo el arroz, la pasta, el pan, los almidones, los cereales y las patatas, y limita en igual medida frutas y verduras. «El problema es que con estas restricciones se tiende a consumir en exceso carnes y sus derivados (embutidos), lo que puede generar retención de tóxicos, alteraciones en el intestino y de la microbiota (flora intestinal), y aumento de peso», alerta la psicóloga y nutricionista Itziar Digón (itziardigon.com). La experta añade cifras alarmantes, como que sólo el 43% de la población consume a diario hortalizas. «Hay que interiorizar la cantidad de vitaminas, fibra y minerales que son vitales para la salud; se encuentran en los cereales de grano entero y en las frutas. Esta dieta no es para todo el mundo ni conviene mantenerla a largo plazo. Se nos está olvidando lo básico», concluye.

      Sin azúcar

      Quienes desean cambiar sus hábitos con la comida tiemblan cuando escuchan la palabra azúcar. Pero, en realidad, esta sustancia se divide en dos grupos que no deben tratarse del mismo modo. Los azúcares complejos vienen de los cereales que conservan la capa externa del grano –como la quinoa o el arroz integral– y de las legumbres. Los simples (que son los que engordan y descalcifican los huesos), de harinas refinadas y de la fruta. «Los únicos simples que deberíamos tomar son estos últimos», aconseja Jenny Vinasco, nutricionista de Novo Clinic (novoclinic. es). Esos no se pueden restringir bajo ningún concepto. Es cierto que el exceso de azúcar en el organismo (cuando ingerimos más de lo que nos da tiempo a quemar) se convierte en grasa y se acumula a modo de reserva (engordamos), pero no hay que temer cuando se trata de su versión compleja. El problema, según la experta, está en los ingredientes que acompañan a algunos dulces, como el chocolate, por ejemplo. «Si no quieres renunciar, da preferencia al ecológico con alto porcentaje de cacao y poco azúcar. Y huye de las grasas hidrogenadas, los emulgentes, las lecitinas y los conservantes. Y por supuesto, de la bollería industrial, las salsas, los refrescos, el alcohol y las grasas ‘trans’ y saturadas», concluye.

      Sin lactosa

      A las personas que no toleran los lácteos –la leche, el queso, el yogur y muchas salsas que llevan nata– les ocurre algo parecido que a aquellas que deciden no tomar azúcares simples: sacarlos de su vida les va a aportar salud desde el primer momento. Porque la lactosa es el azúcar que va en la leche y puede causar gases, hinchazón abdominal, y en ocasiones, hasta dificultad para digerir. Por eso, cuando se elimina o se reduce considerablemente, aunque no haya intolerancia, se nota mucho. Dicho esto, si se decide hacer esta dieta, es importante seguir ciertos cuidados para no engordar: elegir alimentos lo más naturales posibles, moderar el consumo de procesados y entender bien los conceptos. «Mucha gente cambia la leche por bebidas vegetales, en cuyo caso hay que fijarse en que no lleven azúcares añadidos. De hecho, lo ideal sería que fueran caseras para evitar los aditivos», dice la dietista Jenny Vinasco. La experta explica que, cuando se sigue un régimen sin lácteos, se tiende a buscar como alternativa los postres o productos veganos, pero no naturales, sino procesados y con harinas no integrales: «Y ahí está el riesgo de subida de peso. Porque este consumo debería ser siempre esporádico». Así que opta por alimentos vivos y reales. Se trata de lograr una alimentación equilibrada, sea cual sea cualquier dieta.

      Sin proteina animal

      Todas las dietas pueden, en principio, hacer adelgazar o engordar. El resultado depende de la cantidad de calorías que ingieras, de cómo combines los alimentos y del ejercicio que hagas. Al final, la ecuación es más sencilla de lo que pensamos. Si aportamos más de lo que gastamos, cogemos peso; y cuando es al revés, lo perdemos. «A veces, al hacer restricciones o cambios en la manera de comer, podemos engordar o adelgazar, lo que significa que la dieta no está bien planteada», explica Marta Vallejo, nutricionista de clínica Opción Médica (opcionmedica.es). «Cuando se suprimen los alimentos de origen animal (carne, pescado, huevos), se tienden a sustituir por carbohidratos en lugar de incluir legumbres, tofu, soja texturizada, semillas y frutos secos, que son proteínas de muy alta calidad», señala Vallejo. Por ejemplo, si estás acostumbrada a tomar un montadito de jamón de York o pavo a media mañana e inicias una pauta vegetariana, cámbialo por una tostada de aguacate y tomate, o de paté de setas, olivada, hummus… que son opciones sanas y supersabrosas.

      Sin gluten

      Para los alérgicos a esta proteína presente en muchos cereales, es fácil caer en la tentación de consumir ultraprocesados sin gluten, que tienen la misma cantidad de grasas ‘malas’ que los que sí llevan. Aquí, lo que te salvará es leer el etiquetado con detenimiento. «Para adquirir productos de este grupo y que sean sanos, la organización a la hora de hacer la compra es fundamental. Es mejor planificarse por la mañana, o desde el ordenador», advierte Marta Vallejo. Elige, por ejemplo, tortas de maíz con ‘baba ganoush’ (hummus de berenjena) o simplemente toma una pieza de fruta o yogur natural con frutos secos en lugar de bollos.

      Sin fruta

      Niklas Gustafson, experto en nutrición y CEO de la marca de alimentación Natural Athlete, insiste en que esta restricción arranca de un punto de partida equivocado: creer que la fruta engorda. «El azúcar que contiene es natural, no añadido, por tanto, lo único que se consigue eliminándola de la circulación es impedir beneficiarse de la ingesta de fibra que, además de poder saciante, mantiene el equilibrio intestinal». Cuando no se toma fruta, es fácil que se recurra a zumos con la sensación de estar haciendo algo sano. Sin embargo, incluso los naturales son considerados por la OMS como azúcar libre, que tiene el mismo efecto en el organismo que el del añadido.

      Sin grasa

      Según Gustafson, demonizamos las grasas desde los años sesenta, cuando el poderoso ‘lobbie’ del dulce nos convenció de que era sano cambiar las carnes, la mantequilla, los huevos y la leche entera por hidratos de carbono refinados cargados de almidón y azúcar. Uno de los problemas de este truque es que sentimos de nuevo hambre antes ya que las grasas son saciantes y necesitamos más tiempo en volver a echar de menos la comida. «Los alimentos ultraprocesados la sustituyen por carbohidratos refinados y azúcares, por lo que prescindir de la grasa natural, paradójicamente, hace engordar», explica el experto. Nuestro consejo es abandonar los alimentos que no llenan para evitar los atracones posteriores a base de ingerir otros que no nos alimentan en absoluto.

      37% Es el porcentaje de población que incluye la fruta en su alimentación del día a día

      Cuidado con estos alimentos, quintaesencia de ‘lo saludable’ y que favorecen la sensación de que podemos tomarlos de manera ilimitada. Y no.

      Frutos secos Son excelentes para el corazón. Tómalos variados, pero no pases de medio puñado al día.

      Aguacate La llamada ‘mantequilla verde’ es buena, sí, pero muy energética: tiene unas 100 calorías por pieza. No la tomes a diario.

      Aceite de oliva Dos cucharadas aportan 250 calorías. No rebases al día esta cantidad.

      Sofrito de verduras envasado Salvo que mires la etiqueta, jamás te imaginarías las grasas saturadas y el azúcar que contienen.

      Burrata Más calórico que el de untar y el Camembert.

      Tortitas de arroz Son poco nutritivas y poco saciantes. ¡Te comerás al menos cuatro de un tirón!

      Plátano Duplica las calorías de las fresas o ciruelas.

      Galletas integrales Su único problema es que tomarás el doble.

      Ayuno ¿Sí o no?

      Según la psicóloga y nutricionista Itziar Digón, el ayuno es seguro si se hace de forma intermitente, controlada y responsable. Y, por supuesto, bebiendo mucha agua. ¿Sus virtudes? Favorece la pérdida de grasa, reduce la inflamación y prolonga la vida. Hay cuatro tipos: 1 o 2 días por semana, no consecutivos, sin comer nada en las 24 horas. El problema es que puede provocar ansiedad…
      16 horas al día. Este ayuno es el más efectivo para adelgazar, pues se alinea con el reloj biológico. Eso sí, como se reducen los niveles de insulina, debes hacerlo siempre con control médico. 20 horas al día. Hay riesgo de empacho las otras cuatro horas. 50 por ciento. Consiste en hacer doce horas de ayuno al día. Se consigue cenando muy temprano y desayunando tarde.

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