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esto es lo que esconde el ‘snack’ más mítico de España

noviembre 5, 2020


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De los Cheetos Pandilla a los Bocabits, pasando por las Pringles, las Ruffles Jamón, los Monchitos, el Kit Kat, los Huesitos o el Kinder Bueno. Los snacks, tanto en su versión dulce como salada, han formado parte de tu vida y de la mía prácticamente desde que el mundo es mundo. De hecho, es probable que algunos de los momentos más memorables de nuestra adolescencia hayan sido en el banco de algún parque o en el recreo del instituto devorando como si no hubiera un mañana alguna de estas maléficas bolsitas.

Uno de los snacks más famosos de España son los Jumpers: las míticas bolsas azules que contienen una especie de gusanitos de mantequilla con forma de estrella en su interior, y que -oh, sorpresa- no son realmente estrellas, sino ranas. «¿Cómo dices?». Sí, como lo leen: ranas. De ahí que se llamen Jumpers (por los saltitos que caracterizan a tan singular animal), tal y como reveló la propia marca hace unos días vía Twitter, arruinando la infancia del streamer y locutor de EA Sports Ibai Llanos, entre otros muchos españoles.

Pero, ¿cuál es el secreto de los Jumpers para que triunfen como la Coca Cola allende los mares? ¿Cuál es la fórmula que explica el éxito de esta marca con sede en Ejea de los Caballeros (Zaragoza)? ¿Qué ingredientes se utilizan para elaborarlos? En realidad, los Jumpers, al contrario de lo que puede leerse en la bolsa, no contienen maíz como tal, sino un derivado, la sémola, ingrediente habitual en la industria de los snacks. De la misma forma, tampoco tienen mantequilla, ni ketchup, ni nada que se le parezca, sino que se fabrican con toda una serie de aromas que acaban dotándolos de ese sabor tan característico. 

«La sémola es una especie de harina gruesa que no ha terminado de molerse (o molturarse, que es el término que se utiliza en la industria) por completo. Podríamos decir que es el paso intermedio entre el grano y la harina de grano finito que todos conocemos a partir de cereales», explica Mario Sánchez (aka Sefifood), experto en Tecnología de los Alimentos, divulgador y mente pensante tras el canal de Youtube del mismo nombre. Tal y como cuenta Sánchez, este ingrediente es «ideal» para la elaboración de snacks ya que los dota de la textura tan característica que tienen, muy diferente a la que podría otorgarles la harina común. 

De hecho, si echamos un vistazo a las etiquetas de otros aperitivos similares como los Gusanitos o los Risketos podemos comprobar que en ambos productos también se utiliza la sémola de maíz como principal ingrediente. «Además, al tener ese grano más grueso, también conseguimos que el producto tenga un ‘crujiente diferente’ que le otorga esa mayor consistencia del maíz en formato sémola», subraya el especialista, que también confirma que a nivel nutricional no existen grandes diferencias entre la harina y la sémola. 

Así, la única gran diferencia existente en todos estos productos de bolsa tiene que ver con su diseño. Mientras que, por ejemplo, los clásicos Cheetos Pelotazos son redondos o los Pandilla tienen forma de fantasma, los Jumpers tienen forma estrellada. «El único cambio que tienen estos productos se debe a su forma durante el proceso de extrusión, cuando la masa se hace pasar por una especie de moldes industriales, que es aquel que delimita la forma final final de estos malévolos ultraprocesados infantiles», confirma Sánchez, que reconoce que la ingeniería alimentaria que hay detrás de ellos hace que sean irresistibles también para los más mayores. «No hace falta tener 10 años. Siendo bien adulto también te lo puedes hincar tranquilamente», bromea el divulgador.

¿Y desde el punto de vista de la salud? ¿Por qué un producto que está hecho principalmente con sémola de maíz es tan poco recomendable? En principio, el problema no tiene que ver con la sémola, que no es un ingrediente insano por sí mismo, sino con las cantidades ingentes de aceites de mala calidad que se usan para su elaboración, además de con la sal. «Los potenciadores de sabor, aromas y colorantes también están ahí, poniendo la guinda a un cóctel demoledor. Aunque los aditivos no son el principal problema de estos productos, sólo están aquí para maquillar y poco más, no cumplen funciones especialmente relevantes», apunta Sánchez.

Así, el verdadero mérito de todas estas chucherías tiene que ver con la química y con la combinación de aromas que se utiliza para dotarlas de sabor. En el caso de los Jumpers de mantequilla, la mantequilla es inexistente. Ocurre lo mismo con el ketchup de los que se promocionan este este sabor. «Todo funciona a base de aromas, estas bolsas no han visto una gota de kétchup en su vida. Con la mantequilla, queso y demás pasa absolutamente igual. La industria ha conseguido mejorar brutalmente la calidad organoléptica de los aromas, que cada vez están más logrados». 

Sin embargo, donde realmente flojean estos productos es en su perfil nutricional, cuyo consumo es perjudicial para la salud debido a la desproporcionada cantidad de grasas insanas que contienen (casi un 30% del total del producto), elevando su contenido calórico hasta las 545 kilocalorías por 100 gramos. «Además de esas cantidades abismales de grasas, que no son moco de pavo, el principal problema de estos aperitivos es que no aportan nutrientes de interés», explica Sánchez. «No es tanto lo perjudiciales que son (hay otros productos mucho peores bajo mi punto de vista, como los cereales ‘de desayuno’), sino lo poco que aportan. Además, suelen estar dirigidos a un público infantil, que es mucho más vulnerable y debe protegerse con mayor afán ante estos despropósitos comestibles», comenta el especialista.

Pero, ¿alguno de estos aperitivos habituales de los quioscos, cantinas y tiendas de alimentación podría salvarse de la quema? Lo cierto es que pocos (o, más bien, ninguno). Sánchez se muestra tajante: «Son productos totalmente prescindibles en la dieta. Y tampoco es que sean la leche. Puestos a pecar, me zamparía antes unas buenas galletas o un helado hasta arriba de chocolate».





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