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Infancia y nutrición: ¿Los padres son conscientes del sobrepeso de sus hijos?

octubre 12, 2020


Los datos son preocupantes: cuatro de cada 10 chicos españoles de seis a nueve años tienen kilos de más: el 23,3 por ciento está en niveles de sobrepeso y el 17,3 por ciento sufre obesidad, una acumulación excesiva de grasa que puede ser perjudicial para su salud.

Estos son algunos de los datos que aporta un estudio realizado por el Ministerio de Consumo español. Y la pandemia por el coronavirus no contribuyó a mejorar esta situación. Los expertos inciden en que, desde el comienzo de la crisis sanitaria, “en las consultas de pediatría se está viendo que en los nenes y nenas hubo un aumento de peso durante el aislamiento”.

Y la vida actual no ayuda haciendo que los chicos pierdan horas de educación física y saliendo tan sólo un rato al recreo, donde pueden jugar o moverse en unos metros delimitados en el patio, o que puedan tan solo dar un paseo por la calle o por los parques en los barrios en los que siguen abiertos.

Primer paso, reconocer el problema

Es fundamental que los padres sean conscientes de que su hijo tiene sobrepeso. Muchas veces, no lo son. “Pueden ser conscientes, por ejemplo, cuando la ropa les queda apretada y es entonces cuando se deben preguntar si el chico come de forma más ansiosa; picotea todo el día; busca solo alimentos muy grasos o azucarados o tiene, o no, opciones de movimiento”, explica Ana Barbero Sans, especialista en pediatría familiar.

“Si, por lo que sea, no detectamos este picoteo, que no come ansioso o vemos que está mejor que en los meses anteriores, lo más probable es que gracias al movimiento del que pueda disfrutar y a la vuelta a la semi rutina las cosas vuelvan poco a poco a su estado natural”, subraya Barbero.

En cambio, si persiste la situación, sigue aumentando kilogramos y se siente mal por ello, “hay que consultar al pediatra. El médico primero valorará si su peso y su altura mantienen su percentil correspondiente al Índice de Masa Corporal (IMC), cómo son sus hábitos en estos momentos de alimentación y movimiento, y si está habiendo factores emocionales estresantes y, con todo eso, el experto asesorará a la familia”.

“Es importante que, antes de informar de la situación de la obesidad, se conozcan los hábitos de la familia, sus posibilidades socioeconómicas y si hay factores emocionales que puedan estar contribuyendo, porque el propio diagnóstico puede aumentar el sufrimiento de las familias, en ocasiones, y del propio menor”, añade Barbero.

Según cuenta la experta, si realmente tienen hábitos de alimentación, sueño y movimientos saludables, y no se detecta un sufrimiento emocional, “vale la pena ser muy cautos, tanto con el diagnóstico como con nuestro asesoramiento”. Si, por el contrario, los hábitos de la familia no son saludables, o se ve que hay condicionantes sociales detrás de esa obesidad, es importante revisar qué posibilidades reales hay de modificar eso. Según Barbero, hay chicos que comen solos en casa desde los ocho años, por el trabajo de mamá o papá, o familias que no pueden permitirse comer fruta o verdura, o que no saben organizarse para comprar y organizar la comida de la semana: “En estos casos es muy importante valorar cuál es el factor principal e intentar incidir en él de forma muy respetuosa”. Y recuerda que en el caso de que un menor coma de forma compulsiva es muy importante “hacer una valoración psicológica del problema antes de incidir en los hábitos de alimentación y movimiento”.

La importancia de moverse

El ejercicio es un pilar fundamental para mantenerse en óptimo estado de salud y ayuda a adelgazar porque quema calorías. Pero se debe seguir siempre un plan de entrenamiento adaptado a cada persona y a cada circunstancia.

“La obesidad en sí es un factor de riesgo cardiovascular, aumenta la probabilidad de ser diabético, hipertenso, colesterol alto y, además, hay determinados ejercicios que una persona obesa no es capaz de realizar. Por tanto, la persona obesa siempre debe ser valorada por un médico antes de comenzar a hacer ejercicio”, enfatiza Vicenta Llorca, médica.

“En general se podría empezar por caminar tres o cuatro veces por semana durante 30 minutos e ir aumentando progresivamente el tiempo y la intensidad según la respuesta y a la pérdida de peso, pero siempre bajo supervisión médica”, explica.

Además de caminar, se podría nadar, correr. “Personalmente, me gusta recomendarles yoga, porque se aprende a integrar cuerpo y mente, a respirar correctamente y acorde con el ejercicio a realizar”, concluye la experta.

Un pequeño esfuerzo paternal

Hacer un pequeño esfuerzo para que los chicos practiquen un poco de ejercicio físico cada día puede ayudar a que su salud mejore, según retoma la pediatra Ana Barbero. “En los lugares donde las medidas de aislamiento y el número de casos de COVID-19 lo permitan, recomiendo salir a caminar o a hacer ejercicio como correr o ir bici como mínimo los fines de semana, yendo a algún lugar de naturaleza cercano donde haya poca gente, por ejemplo”, explica la pediatra.

¿Y en los lugares con más incidencia? “Acá sería bueno retomar los recursos que se plantearon durante el aislamiento: desde videos de YouTube con ejercicio para chicos hasta clases online dirigidas a los más pequeños y jóvenes de yoga, danza u otras modalidades. O directamente bailar un ratito con nuestros hijos”. La experta mantiene que si se tienen videoconsolas con juegos que impliquen movimiento, también puede ayudar: “Siempre buscando un elemento de disfrute”.

El mejor ejercicio es el que se disfruta

El mejor ejercicio es siempre el que el chico y el adolescente disfruten y sea factible, y lo pueda asimilar la familia: “Lo más importante es que se convierta en un hábito, en algo que busque, a lo que no le cueste demasiado ponerse, sobre todo cuando ya lleve un tiempo. Por eso hay que intentar ofrecer diferentes posibilidades de movimiento, hasta que encontremos algo que de verdad le estimule», expresa Barbero. Y agrega: “el ejercicio es enormemente beneficioso e imprescindible para todas las áreas de la salud, no solo para combatir o prevenir la obesidad, también para mejorar el rendimiento cognitivo, la atención, la regulación emocional, el sueño”.

“Recomiendo la danza, tanto para nenes como para nenas. Porque tiene un elemento muy importante de aceptación corporal y disfrute del propio cuerpo. Recordemos que la obesidad es hoy en día un estigma, y que los chicos viven con rechazo hacia su cuerpo. El deporte de equipo, como dije, puede ser también muy beneficioso, pero hay que buscar un entrenador que de verdad pueda incluir al nene, y estar muy atento a las señales de gordofobia que probablemente se darán tanto en el propio chico o adolescente como en el equipo e incluso en los padres y madres”, concluye Barbero.





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