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Nutrición: hambre real vs. hambre emocional

septiembre 1, 2020


“Hay estudios realizados que demuestran que muchas veces comemos por una emoción negativa y que la principal de estas emociones se llama ansiedad. Esta hambre emocional es una ingesta sin hambre fisiológico o real”, advierte la nutricionista Juliana López, que además cuenta con una certificación en alimentación vegetariana.

“Cuando una persona detecta que come por una emoción negativa es importante ser consciente de la emoción, identificarla. De lo contrario se puede generar una conducta repetitiva porque se acostumbro al cerebro a que me calmo con comida, entonces al surgir esta emoción nuevamente buscaré la misma salida, y es un circuito vicioso que conduce siempre a lo mismo”, advierte la especialista en una entrevista con la agencia de noticias Télam.

También resalta que es importante aprender a escuchar nuestro cuerpo, comer de manera saludable y balanceada, hacer las cuatro comidas diarias y, fundamentalmente, no olvidarnos de que nuestra alimentación tiene que estar ligada al placer. Recomienda que, si es necesario, hay que buscar ayuda de profesionales.

A continuación, las principales diferencias entre hambre real y hambre emocional:

• El hambre real se presenta con una sensación localizada en el estómago, es progresivo, se maneja con cualquier alimento y no debe ser de inmediato y es totalmente satisfactorio al terminar de comer.

• El hambre emocional se da de manera repentina por un determinado tipo de alimento (por lo general carbohidratos, ricos en grasas o sodio), debe ser de manera urgente y al terminar de comer aparece la culpa, el sentimiento negativo. La persona ingiere comida a través del picoteo y puede llegar a tener grandes ingestas en poco tiempo (atracón).

¿Qué puedo hacer frente a un hambre emocional?

• Identificar la emoción, y trabajar en ella

• Implementar técnicas del mindful eating o alimentación consciente para disfrutar del sabor de los alimentos, disminuir la ansiedad o la emoción negativa y logar un estado de conciencia frente a los alimentos.

• Escuchar nuestro cuerpo.

• Frente a una emoción negativa a veces es recomendable generar una situación de distracción. Por ejemplo, se puede hacer otra cosa, algo que nos guste, que nos entretenga y que no tenga nada que ver con la comida: dar un paseo, jugar con mi perro, vestirme, bañarme, poner música y cantar, bailar, hacer actividad física.



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