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Pediatras creen que la jornada partida se adapta mejor a los condicionantes de sueño y nutrición de los menores

julio 20, 2020


Así se ha pronunciado Blesa en la comisión de estudio Les Corts sobre los usos de tiempo para impulsar políticas concretas de racionalización de los horarios, en la que se ha centrado en abordar las implicaciones que tiene el horario escolar en la vida de niños y adolescentes, ya que marca a qué hora se deben levantar y comer o el tiempo de ocio disponible.

«Los horarios escolares tienen una importancia fundamental, la mitad del año viven condicionados por ellos», ha dicho el pediatra, que ha constatado que hay posturas a favor y en contra de las jornadas continua y partida en los centros educativos y ha reconocido la dificultad del debate.

Sobre esta dicotomía, ha lanzado como primera objeción que se deje a decisión de cada centro y no esté regulado por la administración cuando «es más importante de lo que parece». No es que esté en contra de que se vote en cada colegio, ha precisado, sino que considera que habría que regular qué se puede votar porque puede darse el caso de que ninguna de las jornadas planteadas sea la adecuada.

Ha señalado que hay «pocos estudios que de forma incuestionable y suficiente evidencia científica digan que una sea claramente superior a otra» desde el punto de vista pedagógico y ha remarcado que hay otras variables que influyen en el rendimiento más allá de la jornada.

Sí hay condicionantes pediátricos influyentes, ha dicho, y apuntan a que «parece que se adecúa» un poco más a ellos la jornada partida, aunque ha admitido que «hay que conjugarlo todo» y en la decisión final también hay motivos docentes, laborales, socioeconómicos, entre otros.

Además, ha dicho, no hay por qué «irse a un extremo u otro», ya que la jornada partida no tiene que acabar obligatoriamente a las 17 horas, puede hacerlo a las 16 horas. El problema de la continua, ha precisado Blesa, es que para cumplir con las horas de docencia se necesitan unas horas determinadas y empezar a las 8, por ejemplo, «no es un buen horario para los niños y, sobre todo, para los adolescentes».

Estos últimos, ha detallado, tienen un desfase de sueño porque no producen melatonina hasta última hora de la noche, «no es que no quieran, es que no tienen sueño» por la propia edad y no se les puede adelantar la hora de despertarse como tampoco favorecer el uso de pantallas por la noche, que «lo acentúa aún más».

A su juicio, no tiene lógica que a medida que se hacen mayores y pasan a Secundaria entren antes que en Primaria «cuando debería mantenerse o retrasarse» el inicio de las clases.

Respetar los biorritmos «mejora la calidad de vida de los alumnos», ya que «mejora la vigilia, la atención, la conducta y el rendimiento».

La importancia de las comidas

También ha hecho hincapié en la importante de los tiempos de la alimentación y ha defendido al respecto que comer antes de las 14 horas y cenar antes de las 21 horas reduce el riesgo, a igual ingesta calórica y ejercicio, el índice de sobrepeso y obesidad.

«Estamos en una epidemia de obesidad y exceso de peso», ha alertado, ya que desde edades tempranas «cuatro de cada diez niños tienen exceso de peso, el 15% ya son realmente obesos y eso supone una alta probabilidad de ser obeso de adulto».

Ha destacado el papel fundamental de los comedores escolares para la salud y ha apuntado que el horario normal de comida sería a las 12 horas en el caso de los niños pequeños y sobre las 13 o 13.30 para adolescentes.

Pide salvar la atención primaria

El pediatra ha aprovechado su intervención ante los diputados para pedirles medidas para la Atención Primaria porque «está en gran peligro» y les ha pedido que «no sean cortoplacistas».

Ha advertido de que la pediatría en Atención Primaria no es atractivo para los nuevos médicos, ha subrayado las carencias tecnológicas y ha pedido inversión: «Si no hay dinero, sáquenlo de otro lado».



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