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Por qué deberías comerte siempre la piel de las patatas en lugar de tirarla

octubre 13, 2020


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La patata es un alimento imprescindible en cualquier cocina en España, protagonista estrella de uno de nuestros platos más internacionales: la tortilla de patatas. Y no es para menos. Además de versátil, ya que se puede cocinar de miles de formas, se trata de un ingrediente completo y saciante, que se puede comer a diario si se cocina de la forma sana. No obstante, aunque se trata de un alimento muy popular en la gastronomía española, hay información sobre la patata que aún es bastante desconocida.

Por ejemplo, hay mucha gente que ignora los beneficios de consumirla con piel, de ahí que muchas veces esta acabe en la basura. A continuación, los efectos positivos para el organismo de consumir la papa con cáscara. También algunas precauciones que hay que tener con este alimento.   

Antes que nada hay que señalar que la patata no es una verdura ni una hortaliza, sino que estamos ante un tubérculo. Desde el punto de vista nutricional, se trata de un alimento interesante que aporta hidratos de carbono, vitaminas y minerales esenciales. También fibra.

Pero hay parte de estos nutrientes interesantes para la salud que se echan a perder si le quitamos la piel. Quizás el primer error, como sucede con algunas frutas o verduras, es pensar que la cáscara es mejor no comerla. No obstante, sí que habrá que tener precaución con la cáscara si esta presenta manchas verdes, pero est lo veremos un poco más adelante en este texto.

Lo cierto es que, según explica el blog sobre alimentación Consumer, la piel de la patata contiene la mayoría de fibra y nutrientes, en especial vitamina C, localizados alrededor de la piel. Por tanto, si la patata se encuentra en buenas condiciones y como explicó a este periódico Elena Toledano, dietista-nutricionista de Instituto Centta de Madrid, es interesante comer la patata con piel, siempre después de lavarla, claro.

Per como apuntan desde la Fundación Española de Nutrición (FEN), buena parte de la vitamina C puede perderse durante el proceso de cocción. Por eso, se recomienda cocinar las patatas al vapor o al horno (envueltas en papel de aluminio) para preservar al máximo su contenido. 

Si se opta por la cocción, como señaló a este diario Laura Llorente, nutricionista del Centro de Nutrición Aleris, siempre será mejor hacerlo manteniendo la piel, ya que de esta forma hay parte que se consigue mantener. «Cocerlas con la piel hace que no pierda ciertas propiedades. Pero si las pelas, parte de los nutrientes de la patata se pierden en la cocción ya que pasan al liquido», explicó esta experta en nutrición. Así, «lo más recomendable es cocinarlas con piel para que no haya tanta pérdida a nivel nutricional», añadió Llorente.

El peligro: la solanina

Pero, ¡ojo!, la piel de la patata también puede contener sustancias tóxicas, según explicó EL ESPAÑOL en este texto. La buena noticia es que se puede detectar fácilmente: si están verdes o tienen brotes es una señal de que hay niveles elevados de solanina, un químico presente de forma natural en la patata que le sirve para protegerse de las plagas, pero que si se ingiere en grandes cantidades puede causar intoxicación en los humanos. Si hay una alta concentración de esta sustancia tendrán también un sabor amargo. 

Dicho todo esto, por último hay que recordar que, como señalamos al principio de este texto, la patata es un alimento que se puede incorporar a diario en la alimentación como guarnición, incluso en dietas de adelgazamiento, siempre que no desplace el consumo de alimentos imprescindibles como las frutas y verduras.

Se trata de un alimento saciante y su aporte calórico dependerá de cómo lo preparemos. Es decir, este ingrediente no engorda por sí solo, sino que las calorías y las grasas que aporte vendrán determinadas en función de cómo lo preparemos y del acompañamiento. Así, mientras que tomar la patata al vapor, cocida o al horno, resulta sano, hay que evitar consumirlas fritas o rebozadas. Además, lo ideal es combinarla con verduras y proteínas de calidad como huevos, pescado, mariscos, legumbres o carnes blancas. 



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