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Si sufres síndrome posvacacional, esto es lo que debes comer (y lo que no)

septiembre 3, 2020


Si existe una frase que está en boca de todos con la llegada de septiembre es la conocida como síndrome posvacacional, ese mismo cuya existencia tiene defensores y detractores, pero que cada día es más palpable al regreso al trabajo tras los meses de descanso. Más todavía tras un verano tan atípico enturbiado por el covid-19 y que arrastra en la memoria el confinamiento pasado, el aumento diario de casos y las víctimas dejadas a su paso.

«Uno de cada tres trabajadores está sufriendo o sufrirá el síndrome posvacacional al reincorporarse al trabajo tras el verano»

Como aclara J.A. Florez Lozano, del Departamento de Medicina de la Universidad de Oviedo en ‘Medicina Integral’: «Estar de vacaciones en cualquier lugar se asocia generalmente a descanso, relax, paz, felicidad, interrupción de la vida cotidiana, aflojamiento de las costumbres y de la moral, etc. El hombre en estas circunstancias tan distintas a la cotidianeidad del trabajo parece disfrutar del paraíso perdido. Por eso, la vuelta al trabajo y todo lo que ello conlleva (prisas, cansancio, atascos, ruidos, rutina, presiones laborales, estrés, etc) se hace especialmente difícil (a veces muy cuesta arriba) después del período estival de vacaciones. Millones de personas regresan de nuevo a las rutinas de las grandes ciudades».

Foto: iStock.
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Uno de cada tres trabajadores está sufriendo o sufrirá el síndrome posvacacional al reincorporarse al trabajo tras el verano, según un informe de Adecco, en el que se señala que del 66% restante una parte importante padece o padecerá un cuadro de fatiga o estrés directamente vinculado a su incorrecta adaptación al orden y la rutina tras las vacaciones.

No es un lunes cualquiera

Se trata de la depresión posvacacional que viene delimitada por una reactividad psicológica caracterizada por hastío y cansancio, desencanto, inhibición, anhedonia, tristeza, malestar general, ansiedad, fobia social, etc. Un problema transitorio que puede realmente convertirse en algo más preocupante, si se sufre ansiedad o depresión antes o síndrome de burnout.

Herramientas para combatirlo

El Instituto de Obesidad de Madrid (IOB) aclara: «Algunos alimentos pueden darnos la energía que necesitamos para elevar el ánimo y aumentar nuestra capacidad de concentración». Son estos:

  • Frutos secos. Además de energía, tienen un alto contenido en ácidos esenciales.
  • Chocolate negro o cacao puro. El alimento ‘antidepresivo’ por antonomasia. Con alto contenido en triptófano, un aminoácido esencial para la liberación de la serotonina, un neurotransmisor cerebral involucrado en el estado de ánimo.
  • Frutas y verduras. Nunca deben faltar en la dieta, dado su alto contenido en vitaminas y fibra.
  • Cereales. Proporcionan fibra, vitaminas y también dan energía.
  • Legumbres. Ayudan a regular el tránsito intestinal, que puede verse afectado por los desplazamientos y los cambios de rutina.
  • Vitamina C. Para combatir la ansiedad: naranjas fresas, papayas y kiwis. La vitamina C es de vital importancia en todas las épocas del año y en todos los periodos de la vida, ya que ayuda a combatir los signos de la edad gracias a su acción antioxidante. Asimismo, contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, a la formación del colágeno y ayuda a disminuir el cansancio y la fatiga. Pero, además de eso, la vitamina C reduce la ansiedad al combatir el estrés oxidativo y la acción del cortisol, por lo que es fundamental para la vuelta a la rutina. Desde siempre se ha pensado que la naranja es el alimento que más vitamina C tiene, pero hay muchos más que pueden brindar un alto contenido de esta vitamina como las fresas, la papaya o el kiwi.

Lo que debes desechar

  • Fritos. Las comidas fritas y rápidas también pueden agotar tu energía. Los motivos: son altas en grasa y bajas en fibra, dos factores que pueden ralentizar su digestión. Una más lenta puede reducir la velocidad a la que penetran los nutrientes que aumentan la energía cuando son ingeridos, retrasando el aumento de ‘vitalidad’ que generalmente se espera después de una comida.
Foto: iStock.
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  • Bajos en calorías. Son una unidad de medida utilizada para estimar cuánta energía proporcionará un alimento al cuerpo una vez que se digiere. El organismo las usa para mantener funciones básicas como la respiración, el pensamiento y los latidos del corazón. Con ellas se cubre la energía que se consume cada día al movernos o haciendo ejercicio. Proporcionar regularmente al cuerpo menos calorías de las que necesita puede crear desequilibrios hormonales y ralentizar su metabolismo, causando la sensación de agotamiento. Comer muy pocas calorías en las comidas o meriendas también puede aumentar los antojos, lo que puede conducir a comer en exceso en la próxima comida.
  • Alcohol. Es conocido por su efecto relajante. De hecho, muchas personas informan que tomar un poco de alcohol con la cena o por la noche les ayuda a conciliar el sueño con más facilidad. Aunque esto pueda parecer positivo, no es necesariamente así. Eso se debe a que el alcohol en realidad puede reducir la calidad y la duración de su sueño, lo que lleva a uno menos reparador en general. Por lo tanto, aunque el alcohol puede ayudar a sentirnos más relajados o conciliar el sueño más fácilmente, dependiendo de la cantidad que se consuma, en verdad puede agotar la energía al hacer que nos despertemos a la mañana siguiente sintiéndonos menos descansados. Los niveles bajos a moderados de su consumo no parecen tener mucha influencia en la calidad o duración del sueño. Solo grandes cantidades de alcohol parecen drenar energía de esta manera. Por lo tanto, para evitar los efectos del alcohol que nos quitan fuerzas, hay que asegurarse de mantener su consumo entre niveles bajos y moderados.



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