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Todas las razones por las que decir ‘no’ a una bebida azucarada, ¿cuál es la peor?

octubre 26, 2020


   MADRID, 26 Oct. (EDIZIONES) –

   En general bebemos demasiada azúcar, pues casi la mitad de los adultos españoles supera las recomendaciones de ingesta de azúcares tan sólo con los líquidos que bebe. Y hay que tener en cuenta que limitar la frecuencia de bebidas azucaradas es lo idóneo porque conduce a una menor ganancia de peso con el tiempo.

   Así lo establece un consenso español relacionado con la prevención y el tratamiento de la obesidad en España, que salió publicado en 2012 en la revista ‘Nutrición Hospitalaria’. Pero, ¿qué es una bebida azucarada? Los principales investigadores engloban en esta categoría las bebidas a las que se ha añadido azúcar o sustancias análogas, y que aportan, al menos, 50 kcal por cada 23 cl.

   «Aquí entran los ‘refrescos’, las bebidas isotónicas o deportivas, las bebidas ‘energéticas/excitantes’, y los cafés y teés dulces, así como los lácteos azucarados y la mayor parte de zumos (sean o no caseros)», según detallan en una entrevista con Infosalus el pediatra Carlos Casabona, que ha escrito junto al dietista-nutricionista Julio Basulto ‘Beber sin sed’ (Paidós), un manual en el que afirma que todos los estudios sin conflictos de interés están de acuerdo en que la ingestión habitual de bebidas azucaradas tiene una alta relación con el aumento de peso tanto en niños, como en adultos.

   Y es que la ingestión de una lata de bebida azucarada aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 en un 18 % durante una década, independientemente del peso que tenga el individuo (el riesgo es mayor en personas con obesidad), según aseguró el doctor Fumiaki Imamura en una publicación en 2015 en la prestigiosa revista British Medical Journal sobre el consumo de bebidas azucaradas, de bebidas endulzadas artificialmente y los zumos de frutas, y su relación con la incidencia de diabetes tipo 2.

    «La obesidad que puede generarse en unos años es la base sobre la que se establecerán las enfermedades crónicas importantes como la diabetes tipo II, problemas cardiovasculares, trastornos en huesos y articulaciones, y varios tipos de cáncer. Se ha constatado incluso que, aunque no se tenga exceso de peso, la ingestión habitual de bebidas azucaradas puede inducir también diabetes tipo II, por lo que debemos advertir a la población de todos estos riesgos», mantiene el especialista.

   Por otro lado, señala que hay que añadir su papel en la promoción de la caries dental, un trastorno «mucho más preocupante» de lo que suele creerse. «No olvidemos que los dientes los utilizamos, además de para hablar y comunicarnos, para masticar. ¿Sabían que entre el 5% y el 8% de los adultos españoles tiene alguna dificultad para comer como consecuencia de los problemas dentales?», asegura.

   A su juicio, está claro pues que, al ingerir calorías líquidas «el cuerpo no las ‘nota'» y no sentimos saciedad. «Por ello, tomamos calorías con muchísima facilidad a cualquier hora del día, calorías que no nos quitan el hambre por lo que seguimos comiendo como si estuviéramos bebiendo agua», mantiene Casabona.

¿QUÉ PASA CON LAS BEBIDAS AZUCARADAS QUE NO TIENEN CALORÍAS?

   Por otro lado, Casabona y Basulto llaman la atención sobre los ‘refrescos light’, ‘zero’ o ‘sin azúcar’, cuyo sabor dulce proviene de edulcorantes bajos en calorías, como el aspartamo o la estevia.

   «Debes saber que no somos muy partidarios de ellos. No porque sean tóxicos o cancerígenos sino porque creemos que es probable su implicación a largo plazo en el riesgo de obesidad, o porque sabemos que en sus consumidores habituales pueden generar una preferencia por alimentos muy dulces, algo que empeorará la calidad de su patrón alimentario», advierten.

   Asimismo, destacan que «si no queremos dinamitar nuestra salud» no nos tenemos que hidratar con refrescos, aunque contengan agua, por la misma razón que no debemos ‘nutrirnos’ a base de mayonesa, aunque nos aporte ácidos grasos esenciales.

   También advierten sobre las tónicas, una bebida gaseosa que puede hacer confundir a muchos consumidores por su sabor amargo, por la quinina que contiene, si bien mantienen que lo que mucha gente desconoce es que tiene una considerable cantidad de azúcar libre. «El problema se puede agravar si se mezcla con una bebida alcohólica, ya que la cifra de calorías vacías se dispara», sentencian.



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